30/07/2021

Patria y Vida

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Langosta y picadillo, las ofertas para calmar los ánimos en La Habana

La esquina de las calles San Lázaro y Soledad, en Centro Habana, tenía la mañana de este martes una escena peculiar. En el lugar se ubica una pescadería que llevaba meses con poco suministro pero que ahora ha recibido algunos productos que generan frases de asombro y largas colas. Langosta, picadillo de res, pargo y jamonada, se podía leer desde temprano en la tablilla de ofertas.

«Qué cantidad de cosas sacaron», dice maravillado Marcelo, un jubilado que vive justo frente al comercio. «Normalmente aquí lo único que sacan son unas croquetas malísimas, que tienen mucha harina y poco pescado. Hace tiempo no vendían nada que valiera la pena», añade, al tiempo que detalla los precios prohibitivos: «La langosta está a más de 219 pesos el kilo».

«La langosta que trajeron no es de buena calidad, pero ya se está acabando porque la necesidad es mucha. Ha volado», comenta Marcelo.

«Todo esto es para tratar de calmar a la gente», opina Aurora, otra residente en Cayo Hueso que hizo la fila desde temprano para alcanzar algo de picadillo. «En estos días han aparecido a la venta productos que hace tiempo no se veían y, claro, todo el mundo se pregunta si eso estaba en los almacenes por qué no lo vendían, si hacía falta tirarse para la calle para que abastecieran».

«Recuerdo una vez que en mi barrio hubo apagones varios días y la gente empezó a pintar carteles y a tirar botellas por los balcones: nos vendieron latas de carne, pastas, dulces y hasta cerveza»

Las autoridades anunciaron, tras las protestas populares del pasado 11 de julio, la distribución de dos libras de arroz adicionales por persona a través de las bodegas del mercado racionado. Además han instalado algunas ferias con productos agrícolas en barrios donde los reclamos fueron más intensos, como La Lisa, El Cotorro y El Cerro. Sin embargo, comparadas con otras ocasiones en las que el Gobierno intentó compensar el descontento, las ofertas son escasas y menoscabadas.

«Recuerdo una vez que en mi barrio hubo apagones varios días y la gente empezó a pintar carteles y a tirar botellas por los balcones: nos vendieron latas de carne, pastas, dulces y hasta cerveza. Aquello era cuando Hugo Chávez mandaba mucho petróleo pero ahora estamos en tiempos de vacas flacas», ironiza un vecino de la pescadería de la calle San Lázaro.

No obstante los precios y el surtido poco variado, la escasez de los últimos meses ha espoleado a decenas de residentes en la cercanía a hacer la cola ante el local. «No vaya a ser que solo surtan esta vez y después se vuelvan a olvidar de nosotros», añade el cliente. «Yo sí me voy a comprar un poco de langosta, aunque me gaste la jubilación de la semana, porque quiero volver a sentir el sabor de un marisco antes de morirme».

 

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