01/08/2021

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Cuba: El trago amargo de la unificación monetaria

Fuente: CIBERCUBA

No debería sorprender el remezón que la devaluación del peso cubano (CUP) y salida del peso convertible (CUC) están provocando en:

  • los costos de producción,
  • los precios mayoristas,
  • el valor de la canasta básica,
  • las tarifas eléctricas y los precios de los mercados agropecuarios,
  • de trabajadores por cuenta propia y
  • de todo tipo de transacciones en los mercados informales.

No debería ser motivo de asombro, aunque sí de mucho análisis, que esté cambiando radicalmente la realidad financiera de empresas estatales, cooperativas, negocios privados y hogares. Se trata de una devaluación de 24 veces de la tasa de cambio oficial y de alrededor de 10 veces de la tasa de cambio promedio en la economía, una de las mayores en la historia de tipos de cambio múltiples en América Latina. Tomando en cuenta que la población y el sector privado operaban desde antes con la tasa 24 pesos por dólar, y que en 2021 el mercado paralelo refleja una tasa de 50 pesos por dólar.

Durante mucho tiempo los economistas explicamos que la unificación monetaria constituiría un choque financiero inmediato con múltiples beneficios, pero que en su mayoría se materializarían gradualmente en el mediano y largo plazo. Nunca se ocultó que era un trago amargo para el sistema productivo, pero que había que tomarlo porque es imposible desarrollar una economía con dos monedas nacionales y múltiples tipos de cambio.

cuc

Con estas distorsiones monetarias llevábamos casi tres décadas completas midiendo mal los hechos económicos, sobrevalorando o subvalorando costos de producción, salarios, retornos y riesgos financieros, deudas y activos financieros, minimizando el valor de muchas buenas decisiones económicas y ocultando el costo de un montón de malas decisiones y reformas pospuestas. No todo lo que hicimos antes de 2021 estuvo mal calculado, pero sí una gran parte.

La unificación monetaria representa un choque financiero que produce cambios en los precios relativos a una velocidad mucho mayor que la capacidad de respuesta promedio del sistema productivo. Durante un tiempo las unidades económicas quedan atrapadas en el medio, gran parte de lo que venían haciendo ya no tiene sentido económico, pero todavía no logran entender todo lo nuevo que deben hacer, y cuando comienzan a comprenderlo no tienen la forma de reaccionar en la proporción que necesitan. En correspondencia, las políticas económicas necesitarían trabajar en dos aspectos fundamentales para mermar el impacto de corto plazo del choque financiero: minimizar la incertidumbre y aumentar la capacidad de reacción de las unidades económicas.

En estos dos frentes hay muchas cosas que el propio diseño inicial de la “tarea ordenamiento” ya tiene incorporado, y hay muchas otras que se podrían añadir. El diálogo permanente de las autoridades económicas con los empresarios estatales, agricultores, emprendedores privados, empresarios extranjeros y gobiernos locales será una fuente de información fundamental para corregir y negociar lo que no se previó. Para aumentar la capacidad de respuesta son varias las reformas estructurales que se deben ir acometiendo. En este caso hay recomendaciones elaboradas por economistas como Pedro Monreal, Ileana Díaz, Mauricio de Miranda, Carmelo Mesa-Lago, Omar Everleny, Oscar Fernández, Juan Triana y Ricardo Torres, entre otros.

Es importante subrayar que el éxito de la reforma monetaria no está garantizado por el solo hecho que la unificación de las monedas y las tasas de cambio oficiales eliminan distorsiones. La política económica no puede achantarse y esperar a que se vayan materializando los beneficios de mediano y largo plazo. Tampoco puede caer en la complacencia de publicitar algunos de los beneficios puntuales que se pueden apreciar en el corto plazo, tales como más personas buscando trabajos formales o determinados ahorros en el consumo de los hogares. Son buenas señales y constituyen los primeros ejemplos de lo que se puede lograr con un cambio en los incentivos económicos, pero distan mucho del cambio estructural y el salto de eficiencia que podría derivarse de la “tarea ordenamiento”, que evidencie que valió la pena asumir el riesgo de devaluar 10 veces la moneda en un solo día.

pesos cubanos

El gobierno tampoco debería prometer y forzar unos beneficios irrealizables de corto plazo, especialmente en lo que tiene que ver con el aumento del poder adquisitivo de los salarios y las pensiones. Las proyecciones contrafactuales siempre son muy especulativas, pero podría decirse que en un escenario hipotético sin pandemia y sin una caída del 11% del PIB, tal vez sí se hubiese podido lograr algún aumento de los salarios y pensiones reales a partir de la redistribución de riqueza e ingresos y de un cambio en la estructura del gasto público. Esta era el escenario de la reforma monetaria en el papel, pero la realidad de 2020 y 2021 ya sabemos que es otra muy diferente.

Entiendo que la manera en que el equipo económico técnico logró “vender” políticamente la “tarea ordenamiento” fue combinando la devaluación de la tasa de cambio con el aumento de salarios y pensiones. Sin embargo, pretender que este aumento nominal de ingresos se vaya a traducir en mejoras reales en el contexto actual no es realista, genera falsas expectativas y promueve incentivos perversos en los entes reguladores y políticos. En un reciente panel en la Asociación de Estudios Cubanos (ASCE) presenté una estimación que apunta a una probable caída de alrededor del 15% del salario promedio real en el sector estatal en 2021. De lograrse en el complejo escenario económico y financiero actual, esto debería apreciarse como un gran logro.